2015-07-12-ogm

Aunque la comunidad científica los considera seguros, estos no logran liberarse de su popular mala reputación.

A medida que crece el temor del público hacia los organismos genéticamente modificados (OGM), la comunidad científica se va moviendo en la dirección opuesta. Actualmente existe casi unanimidad entre los expertos de que se pueden consumir OMG sin preocupación, una noción respaldada por la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Médica Estadounidense, que los consideran aptos para el consumo.

A pesar de esto, la divergencia entre el público en general y los científicos solo ha crecido. Por ejemplo, hacia fines de 2014, casi 60% de los estadounidenses creían que los OGM son “generalmente peligrosos”, mientras que en el año 2000 la población estaba más bien dividida.

Hay muchas razones para ese cambio de opinión, afirma Jason Lusk, economista agrícola de la Universidad Estatal de Oklahoma, quien ha estudiado la aversión de la gente a los OGM desde que fueron introducidos, en la década de 1990.

Lusk hace un paralelismo entre el desacuerdo que una vez existió entre científicos y el público general sobre el cambio climático, pero advierte que puede ser difícil cambiar el parecer de la gente sobre la biotecnología.

¿Cuándo empezó a hablarse de los OGM, tanto positiva como negativamente?

El tema pasó desapercibido por muchos años. Hubo algo de interés cuando aparecieron en el mercado los primeros cultivos biotecnológicos, en los años 1990, y hubo grupos que se opusieron, pero no era una mayoría significativa. Lo que realmente atrajo la atención de la gente fueron los vendedores de alimentos naturales y orgánicos. No quiero decir que estaban atizando los miedos de la gente a propósito, pero en cierta medida lo hicieron, al menos en el sentido de que los ayudaba con las ventas de sus propios productos.

¿Qué ha mostrado el estudio de los sentimientos de los consumidores que usted lideró?

He conducido un cuestionario mensual por dos años, que evaluaba la concientización y la preocupación hacia ciertas problemáticas alimenticias. Una de las inquietudes que consideramos es justamente la biotecnología y los OGM. Existen altos y bajos en cómo la gente se siente al respecto, pero no son tan notorios o significativos como habría de creerse. Las respuestas varían. A veces las perspectivas son más negativas, especialmente si hay noticias negativas, pero en términos generales no ha variado mucho. La gente no se siente mejor respecto de los OGM, sino que su aversión ha sido estable.

¿A qué le temen exactamente?

La mayoría de la gente no tiene mucho conocimiento sobre los OGM. Es algo que les resulta un poco artificial y hay una tendencia psicológica a desear la naturalidad y a evitar las novedades en los alimentos. La gente no necesariamente tiene un fuerte e innato rechazo a los OGM, sino que tienen una reacción negativa a todo lo que parezca aditivo o inusual.

¿Qué piensa usted sobre el etiquetado de OGM?

Si hay un riesgo de seguridad o salud demostrable, creo que etiquetar es un deber. Eso se aplica en el caso del maní, al que mucha gente es alérgica. O también para etiquetas sobre información nutricional, porque sabemos que el número de calorías o nutrientes que se consumen tiene un vínculo directo con la salud. Pero la comunidad científica ha llegado al acuerdo de que los cultivos de OGM no son más dañinos que los tradicionales, entonces es incierto cuáles son los beneficios o propósitos del etiquetado.

¿Cree que el rechazo hacia los OGM ha llegado a su pico?

Estas cosas son muy difíciles de predecir. Digamos que hay una alarma de seguridad alimenticia relacionada a los cultivos de OGM, aunque sea tangencialmente. Eso modificaría las opiniones de forma increíblemente rápida. Otra de las opciones es que alguien introduzca un cultivo biotecnológico que no asusta a la gente. De esa forma, la gente entonces agarraría más simpatía a cultivos más accesible, y comenzaría a desprenderse de la extrañeza a la que la asocian.

¿La gente tiene menos chances de creer en los cultivos de OGM si hay grandes compañías detrás?

Definitivamente. Una de las grandes preocupaciones de la gente es que las grandes compañías agroquímicas se están beneficiando de esta tecnología. Las beneficia, por ejemplo, al permitirles vender más semillas o herbicidas. Lo que no saben es que algunos de esos cultivos ahora están siendo producidos por organismos sin fines de lucro y universidades, y que incluso reducen o descartan la necesidad de utilizar químicos y fertilizantes.

Fuente: The Washington Post