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La suspensión política en el Mercosur ha llevado a fuertes debates en el ámbito nacional sobre las alternativas del Paraguay fuera del bloque.

Todas estas opciones quedaron de lado, sin embargo, cuando los candidatos presidenciales expresaron su oposición a la salida del país del bloque regional. Mientras tanto, y en menos de un año, un nuevo Mercosur está emergiendo. El mismo implica el mayor desafío que el Paraguay tiene hoy en la región. 

ESCENARIOS PREELECCIONES

Antes de las elecciones de abril pasado eran varios los escenarios que se manejaban sobre qué hacer con la participación del Paraguay en el Mercosur luego de la suspensión política impuesta por el bloque.

Un primer escenario mostraba a partidarios del retiro del Mercosur con el argumento de que el Paraguay debía recuperar la potestad de decidir unilateralmente con cuáles países negociar acuerdos de liberalización comercial. Esta posición tropezaba con varias dificultades. En primer lugar porque la denuncia del Tratado de Asunción, como forma de salida del Mercosur, no implicaría un desacople automático de las obligaciones y los compromisos del país, los que continuarían vigentes por un período de dos años a partir de la fecha de formalización de la salida. 

En segundo lugar porque, al salir del Mercosur, dejarían de tener vigencia los acuerdos de libre comercio que el Paraguay ha firmado con los Estados Asociados (Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela), con Egipto e Israel, como también los acuerdos comerciales preferenciales con India y Sudáfrica. Ello porque la firma de estos acuerdos se ha realizado como estado miembro del Mercosur y no por iniciativa del Paraguay.

Así, esa decisión podría significar la pérdida del 40% de las exportaciones, que se envía a países con los cuales el Paraguay tiene acuerdos arancelarios preferenciales (arancel 0% y reducción de tarifas aduaneras). Además, el Paraguay se vería obligado a negociar nuevos acuerdos comerciales con cada uno de los países citados, sin la certeza de que exista voluntad política de los mismos de volver a hacerlo.

Un segundo escenario consistía en permanecer en el Mercosur, pero como estado asociado. Se argumenta entonces que esta opción sería conveniente porque el Paraguay podría firmar acuerdos de libre comercio con países desarrollados sin tener que contar con el acuerdo del bloque, de la misma manera como lo han hecho Chile, Colombia o Perú.

Sin embargo, esta opción tenía varias limitaciones. En primer lugar, la institucionalidad débil del Estado paraguayo y, por lo tanto, también de su capacidad negociadora frente a países desarrollados. En segundo lugar, la oferta exportable que el Paraguay tiene para estos países se limita a materias primas agrícolas y la política comercial de países desarrollados y de China, como economía emergente, es la compra exclusiva de rubros intensivos en recursos naturales, inclusive de países industrializados como el Brasil. 

Es decir que hacia esos países sería difícil crecer en exportaciones con mayor valor agregado. En tercer lugar, los acuerdos de libre comercio de Colombia, Perú y Chile con países desarrollados fueron alcanzados luego de que los primeros delinearon una estrategia de desarrollo y de inserción comercial internacional como política de Estado de largo plazo, proceso que en el Paraguay todavía no ha iniciado. 

Es por estas y otras razones que el éxito alcanzado en acuerdos de libre comercio para abrir nuevos mercados no se ha debido a la iniciativa ni capacidad negociadora del Paraguay, sino del Mercosur como bloque con el liderazgo de los países mayores. Aparte de todo ello, permanecer como Estado Asociado en lugar de miembro pleno del Mercosur enfrentaría los mismos problemas de poner fin a los acuerdos de libre comercio existentes y perder mercados para una buena cantidad de nuestras exportaciones.

¿PROFUNDIZAR O REPLANTEAR LA INTEGRACIÓN?

Las opciones de salida del Mercosur, o de permanencia como Estado Asociado antes que como Estado Parte, han sido descartadas por todos los candidatos en los debates presidenciales de marzo de este año.

La discusión que se planteaba era si el Paraguay estaría en condiciones de imponer condiciones para su reinserción en el Mercosur, teniendo en cuenta el problema jurídico creado a partir de la adhesión de Venezuela. Es decir, qué tipo de compensaciones podría recibir el Paraguay por dejar de lado este cuestionamiento jurídico, a su reingreso al Mercosur. 

Sin embargo, no se han escuchado propuestas de este tipo y el gobierno electo recientemente ha recibido, de sus pares regionales, las seguridades de la vuelta del Paraguay al Mercosur como miembro pleno, pero también la recomendación de aceptar la membresía de Venezuela en el bloque.

Todo hace suponer que, ante la falta de suficiente espacio para imponer condiciones fuertes, el gobierno electo termine tratando de conseguir un nuevo voto del Congreso para aceptar a Venezuela en el Mercosur, lo que despejaría obstáculos mayores a la reinserción del Paraguay.

No obstante, el Mercosur al cual volverá el Paraguay se enfrenta con el desafío de replantear el propio proceso de integración que se ha iniciado hace 22 años y que hoy permanece sin avanzar hacia su profundización, mientras son invitados nuevos miembros a participar del bloque.

En términos de estadios de la integración, el Mercosur permanece como zona de libre comercio, aún cuando posee algunos elementos de la unión aduanera como el Arancel Externo Común (AEC) y el Código Aduanero. Sin embargo, el AEC se encuentra muy parcialmente vigente por las múltiples excepciones al mismo permitidas a los países miembros y por la difícil tarea de compatibilizar políticas comerciales entre sus miembros. 

Del mismo modo, el Código Aduanero no ha sido aún aprobado por todos los poderes legislativos de los países miembros. Este código debe ir de la mano de la eliminación del doble cobro arancelario para hacer del Mercosur un territorio aduanero común. Sobre esto se ha llegado a un acuerdo básico por etapas, pero no se ha podido iniciar el proceso por una negativa de Argentina, país que se encuentra con una política fuerte de restricciones comerciales.

Fuera de la construcción de una política comercial común, de la cual el Mercosur está aún lejos, casi no se han construido políticas comunitarias en otros ámbitos con impacto interesante en el proceso de integración. Probablemente el Fondo de Convergencia Estructural (FOCEM) sea la única excepción como mecanismo para combatir las asimetrías entre países, con impactos significativos en Paraguay y Uruguay, las economías menores.

A pesar de permanecer estancado en su proceso institucional de profundización de la integración, el Mercosur no se ha detenido en sus movimientos comerciales entre sus miembros, en la apertura de nuevos mercados en la región y fuera de la región, en una mayor inversión intrarregional (principalmente del Brasil), en la formación de cadenas productivas regionales y en obras de infraestructura para la conexión de los mercados.

Estos avances han sido promovidos principalmente por el liderazgo del Brasil como parte de su estrategia de una mayor integración de América del Sur. En este contexto, aparte de Venezuela, otros países como Bolivia y Ecuador han sido invitados a participar como miembros plenos del Mercosur.

La entrada de nuevos miembros plenos al Mercosur y el estancamiento institucional del bloque lleva a replantear las propias metas del acuerdo de integración regional. ¿Cuál es el grado de profundización de la integración que se propone con un Mercosur de mayor membresía? ¿Cómo serán los lineamientos de acuerdos del nuevo Mercosur con terceros países o bloques? ¿Qué tipos de medidas y decisiones comunes seguirán vigentes para todos los miembros y qué modalidades comunitarias nuevas se irán adoptando?

Países pequeños como Paraguay y Uruguay deberán estar atentos a las implicancias de este Mercosur ampliado, para no perder las ventajas que actualmente gozan en el bloque y para construir mayores oportunidades a sus ofertas exportables. Pero, fundamentalmente, esta nueva situación debe llevar a repensar el alcance que hoy se quiere otorgar al Mercosur, de manera que una mayor entrada de países no implique constreñimientos sino mayor apertura de mercados, mayor capacidad regional de insertarse en mercados de países desarrollados y de países asiáticos emergentes y mayor crecimiento económico.

Por lo tanto, se deberá considerar si todo ello es posible con la profundización de la unión aduanera o la permanencia de zona de libre comercio con algunas políticas comunitarias, u otra alternativa que haga posible una integración eficiente en la región y con más beneficios que costos para las economías menores. En pocas palabras, se debe pensar en el acuerdo fundacional de un Nuevo Mercosur.

Así, el desafío para Paraguay no es resolver el problema jurídico que implicó la entrada de Venezuela al bloque, sino pensar estrategias que respondan a este nuevo escenario regional.

Tanto por razones de ventajas comparativas, de capacidad institucional, de oferta exportable como de necesidades significativas de inversión en el sector productivo, no es posible pensar una proyección externa de un Paraguay aislado de este Nuevo Mercosur.

El Paraguay todavía no ha llegado a un grado de desarrollo económico e institucional que lo convierta en un interlocutor regional de cierto peso para interactuar con las principales potencias económicas del mundo. 

Deberá construir este estadio implementando políticas que, al aprovechar mejor las oportunidades del mercado regional, vayan modificando la estructura de su economía hacia otra con crecimiento más sostenido y de mayor impacto sobre el empleo y la producción. 

 

Por: Fernando Masi
Cadep