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Pese a que somos un país con abundante agua, muchas iniciativas agrícolas y granjeras fracasan cuando el régimen de lluvias se altera generando largas sequías que acaban con la mejor planificación productiva.

Este factor no debiera ser un problema insalvable dado que reservas de agua existen, sólo que el problema se presenta en el momento de transportarla y usarla. En nuestra edición de ayer dábamos cuenta de los sistemas de riego existentes en plaza y que ya existen unas 5.200 hectáreas bajo riego de algún tipo. Su costo, entre 8 y 15 millones de guaraníes la hectárea, sin duda, fuera del alcance de la gran mayoría de los productores agrícolas o granjeros.

Como somos y seguiremos siendo una economía fuertemente dependiente de la producción agropecuaria, el factor riego puede llegar a ser clave si se quiere traspasar ciertas barreras de productividad.

Chile tiene hoy 1.800.000 hectáreas bajo riego y es uno de los más grandes exportadores de frutas y hortalizas. Perú mantiene con riego 1.100.000 hectáreas y Argentina, con sus 2.200.000 de hectáreas con riego de algún tipo está emprendiendo nuevas metas de productividad en el sudeste y sudoeste bonaerense, en áreas en donde se produce de cinco a siete mil kilos de maíz por hectárea en secano, para elevar el umbral a 12.000 y 14.000 mil con riego.

La producción de comida para una humanidad de 7.600 millones en el 2020 va a seguir siendo un factor crítico. Mientras alimentar a la gente siga siendo un negocio, ganarán los mejor preparados. La biotecnología suministra nuevas simientes acompañadas de metodologías de desarrollo que garantizan altos niveles de productividad, calidad e inocuidad.

Producir alimentos va convirtiéndose en una alta especialidad, al menos, si se quiere concurrir en condiciones de competitividad a los mercados masivos mundiales. En el Paraguay tenemos buena tierra, abundante agua y mucha gente lista para convertirse en agro productores competitivos. Sería, por lo tanto, de la más alta prioridad que el Gobierno –éste o el que viene- desarrolle un plan de apoyo a los sistemas de riego para pequeños productores.

Podría inspirarse en el ejemplo de Chile, en donde el Gobierno ha volcado este año, en sólo dos regiones, más de US$ 26 millones para consolidar sistemas de riego. En el Paraguay, con ríos y arroyos y uno de los principales acuíferos del mundo, no hay razón para que los productores dependan de la lluvia para asegurar sus cosechas.

Si el Gobierno tuviera la voluntad, sabría donde encontrar el dinero necesario para impulsar programas de regadío: en la propia maquinaria estatal engordada hasta el límite por políticos inescrupulosos y administradores pusilánimes. Dinero que en vez de becar a inútiles y haraganes, bien podría impulsar una nueva era para los pequeños agroproductores paraguayos.

 

Fuente 5días