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Hoy día, la avicultura nacional está muy tecnificada, no solo en gallinas ponedoras, sino también en pollos parrilleros, a tal punto que nos visitan personas de otros países para interiorizarse sobre cómo se está manejando la producción avícola industrial.

/ ABC Rural

Arq. Gustavo Koo (*)

Es importante darles el debido valor agregado a las granjas nacionales y al producto que ellas generan, por su calidad. Hay que tener en cuenta que los huevos de contrabando ponen en riesgo la salud humana. Por lo general, estos huevos están por vencer o son huevos de descarte y por eso tienen un bajo costo. De ahí que consumir estos productos sin la debida certificación implica un riesgo innecesario para la salud humana.

CERTIFICACIÓN

Desde junio del año pasado, una de las empresas productoras de huevos de nuestro país consiguió la certificación ISO 22000, que es la que garantiza la inocuidad de los productos. De esta forma, el Paraguay se convirtió en el tercer país de Sudamérica que cuenta con una empresa que reúne las normas de producción ISO 22000 en este rubro. Para ello, se realizaron varios trabajos: la capacitación del personal; inversiones importantes en infraestructura de la planta industrial y, sobre todo, la introducción de cambios en la cultura del trabajo: desde cuestiones básicas, como la forma correcta de lavarse las manos y el uniforme adecuado para el trabajo, hasta una serie de aspectos y procesos de producción cuyo cumplimiento era indispensable para obtener la mencionada certificación. De esta forma, los consumidores que acceden al producto final tienen la seguridad de que los huevos pasan por un protocolo de normas internacionales, que garantiza su calidad.

LIMPIEZA DEL HUEVO

Es importante destacar que la certificación solo se obtiene gracias al cumplimiento de estrictos requisitos de producción. Por ejemplo, existen normas que especifican hasta qué porcentaje puede el huevo estar sucio. Entonces, los huevos que están visiblemente sucios son preseleccionados antes de entrar a la máquina clasificadora. Previamente, ingresan a otra máquina que realiza la limpieza, lavándolos con agua clorada y con un cepillo. Luego pasan por una turbina que se encarga de secar los huevos, lubricarlos con aceite mineral para devolverles el barniz natural y sellarlos. Recién después de estos pasos, pasan por la máquina clasificadora. El aceitar nuevamente el huevo busca darle la protección que inicialmente él tiene, desde que salió de la gallina. En forma natural, el huevo tiene esa protección. Por eso, es importante que los consumidores tengan en cuenta que es un error lavar los huevos para luego guardarlos en la heladera, cuando proceden de granjas certificadas.

(*) Director de las Tacuaras.

 

Autor abc Rural

Fuente abc Rural