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Si algo ha quedado demostrado es que la cría de peces en estanques, o en espejos de agua controlados, es un gran negocio. Desde hace años, a través del Departamento de Pesca y Acuicultura de la Facultad de Ciencias Veterinarias -con sus programas de reproducción controlada-, la Universidad Nacional de Asunción, en alianza con la FAO, está impulsando programas dirigidos a formar técnicos en cría de especies en estanques combinando un hecho natural –la abundancia de agua en el país- con las técnicas más avanzadas de reproducción piscícola. Este programa, sumado a una diversidad de iniciativas privadas, está rindiendo resultados muy alentadores. De la fase meramente extractiva y de subsistencia –la pesca artesanal en ríos y lagos-, se está pasando gradualmente a la fase de “siembra, cría y extracción” en espejos de agua con rindes no pocas veces excepcionales.

El panorama comienza a abrirse a través del eslabón que faltaba para impulsar una actividad productiva capaz de dar empleo genuino a gran cantidad de personas. Es sabido que en las aéreas de desarrollo agrícola mecanizado en el este del país, los agroproductores suelen combinar la siembra de granos con la cría de peces. El producto de esta actividad se congela, se sella en grandes contenedores y es casi todo exportado al Brasil, con lo cual no hacen sino combinar los excedentes de tierra y agua, así como residuos de sus enormes cosechas, para alimentar sus cardúmenes en desarrollo, en especial tilapia y pakú, dos especies muy apreciadas tanto en el mercado local como el brasileño.

Ahora se abre la posibilidad de colocar la creciente producción en el viejo continente, lo cual no es sino una lógica consecuencia del impulso que la Unión Europea ha dado a la cría de peces en el Paraguay a través de eficientes programas de cooperación. Sólo falta que el país sea registrado como productor de carne de pescado en condiciones de inocuidad certificada. Este es un paso gravitante para que el producto alcance una buena cota de precios y estabilidad en la demanda. Es decir, un proceso similar al que llegó la carne vacuna paraguaya con su entrada a los sistemas de trazabilidad.

Pocos rubros, en producción de alimentos, tienen una perspectiva tan brillante como la piscicultura. Es una actividad que, bien manejada, tiene bajo impacto ambiental, demanda poca tierra aunque sí mucha agua, considerable cantidad de mano de obra y sus fuentes de forrajeo son más que abundantes. Los ciclos de producción, en general, no superan los seis meses y, de cerrarse el eslabón de comercialización, garantiza trabajo y utilidades seguras para muchos paraguayos con deseos de trabajar y progresar.

 

Fuente: 5días

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