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Vueltas las aguas lentamente a sus cauces naturales, el Chaco retorna, también con lentitud, a la normalidad. Y esa normalidad está compuesta por un cúmulo de anomalías que secularmente afectan al territorio occidental: largos periodos de sequía, falta de caminos, ausencia del Estado en numerosas aéreas de gestión, etc.Las últimas inundaciones han tenido una característica particular. Ocurrieron en plena era de Internet y de telefonía móvil que han hecho posible ver prácticamente en directo los avatares, primero, de las aguas del Pilcomayo que bajaron en cantidades inusuales desde territorio cordillerano. Y luego, las intensas lluvias que acumularon masas de agua que, debido a la impermeabilidad y escasa pendiente del suelo chaqueño, tardaron en escurrirse. El resultado: destrucción de poblados, caminos y puentes arrasados, evacuación de población civil y animales
de cría.

Ahora va siendo posible medir la magnitud no sólo de la destrucción causada por estos fenómenos naturales sino, principalmente, la extensión de lo que falta hacer. Hoy puede verse con meridiana claridad que el Chaco, siendo un creciente emporio de producción, carece casi por completo de
caminos transitables todo tiempo. Los únicos existentes son construidos y mantenidos por las colonias menonitas. Este vasto territorio nacional forma parte del denominado corredor bioceánico que conecta los puertos del Atlántico con los del Pacífico… aunque en la teoría. En la práctica,
faltan todas las obras que lo hacen practicable, excepción hecha de los dos puentes ya existentes, Concepción y Remanso. Lo demás, rutas, drenajes, paradores, zonas de interconexión, servicios de apoyo, todo falta. Incluso se ha llegado al colmo de tener un puente sobre el Pilcomayo que conecta Pozo Hondo con Misión La Paz… que carece de camino de acceso, al menos, digno de llamarse tal y practicable todo el año para todo tipo de tránsito.

Debemos formularlo una vez más de esta manera: a este Gobierno ya no le queda tiempo para emprender nada. De manera que sería bueno saber si quienes aspiran a gobernar el país a partir de 2013 tienen en su portafolio algún plan concreto para el Chaco. En materia de infraestructura, todo está por hacerse. El Estado no tendrá capacidad para emprender sino apenas lo básico. Huelga decir,
entonces, que será necesaria una sociedad público-privada para emprender todo lo que hace falta, incluido el desgraciado acueducto que no termina de iniciarse.

La expansión de la ganadería, la radicación de industrias de transformación, la conversión de Mariscal Estigarribia en un gran centro de servicios aerocomerciales, la radicación de servicios en forma creciente; todo demandará infraestructura: agua potable, energía disponible, carreteras y centros logísticos, hospitales y escuelas, comunicación por fibra óptica y telefonía celular. Toda una masa de obras y negocios para los cuales el Gobierno deberá abrir las puertas, participar de lo que le compita y dejar que la iniciativa privada se encargue del resto.

De lo contrario, el Chaco como horizonte futuro para el desarrollo del Paraguay seguirá siendo apenas un sueño.

Fuente: 5días